Reto: Una semana sin profecías

Muchas veces no nos damos cuenta de cómo todo aquello que les decimos a los niños puede llegar a afectarles. Los niños son esponjas, lo sabemos, y absorben todo, tanto lo positivo como lo negativo.

Sin barreras

Si le repetimos varias veces a un niño algo, terminará interiorizándolo. Lo asumirá.

¿Y por qué?. Porque todo lo que un padre o una madre le dice a un niño, es así. Sin más. El niño no se plantea si eso es cierto o no, si le estamos poniendo a prueba. El niño no encuentra las segundas intenciones de nuestras frases, y da por hecho que todo lo que nosotros decimos es así y punto. Es su mecanismo de aprendizaje.

Es por ello que deberíamos cuidar mucho todo aquello que decimos a los niños, sobre todo aquello que tiene que ver con sus capacidades, con lo que pensamos que puede o no puede hacer.

Si sois padres seguro que os pasado alguna vez: algo que no pensabais que vuestros hijos podían hacer, y de repente… ¡tachán!. Allí están, haciéndolo como la cosa más normal del mundo.

En cambio, si además de pensar “mi hijo todavía no es capaz de hacer esto o lo otro”, lo decimos en voz alta, entonces resulta que no lo pueden hacer. Se bloquean.

 

Si lo pensamos, los adultos somos exactamente iguales. Estamos haciendo algo y nos sale relativamente bien, hasta que llega alguien y nos pregunta que cómo somos capaces de hacerlo. Y entonces ya no nos sale.

Imagínate practicando escalada, subiendo por una pared con tu arnés. Decidido, subiendo como nunca antes lo habías hecho. En ese momento llega un amigo y te pregunta “¿y no tienes vértigo?”, o “a ver si te vas a caer y te haces daño” o “¿cómo te atreves a hacer eso?” o “a mí me daría un miedo terrible”. En ese momento hay algo que de desestabiliza dentro de nosotros. De repente nos volvemos torpes, pesados, el suelo parece estar más lejos. Y nos resbalamos. Nos hemos caído, y eso que hasta ese momento parecía que todo iba bien.

¿Realmente somos conscientes de cómo nos influyen las palabras de los demás?. Pues ahora multiplica esa sensación por mil, y entonces nos podremos acercar a cómo se sienten los niños ante afirmaciones como:

  • “Es que a Fulanito le cuesta mucho leer”.
  • “No subas las escaleras, a ver si te vas a caer”.
  • “¡A que te haces pupa!”.
  • “Mi hijo no sabe sumar bien aun”.
  • “Mi hijo es muy travieso, no para quieto ni un momento”.
  • “Mi hijo tiene unas rabietas horribles”.
  • … y pensemos en las mil y una frases que salen de nuestra boca al cabo del día.

¿No estaremos dictaminando con estas frases unas profecías que luego terminan cumpliéndose?.

¿Y si cambiamos esas frases por otras?

  • “Es que a Fulanito le cuesta mucho leer”. -> “Si Fulanito se esfuerza leerá como un campeón”.
  • “No subas las escaleras, a ver si te vas a caer”. – > “Me voy a poner aquí a tu lado mientras subes las escaleras para poder cogerte si te resbalas”.
  • “¡A que te haces pupa!”. -> “Ve con más cuidado, cariño”.
  • “Mi hijo no sabe sumar bien aun”. -> “Mi hijo está aprendiendo a sumar y por eso vamos a practicar más”.
  • “Mi hijo es muy travieso, no para quieto ni un momento”. -> “Mi hijo es un poco movido y también es muy cariñoso”.
  • “Mi hijo tiene unas rabietas horribles”. -> “Mi hijo cada vez se enfada un poquito menos”.

El reto para esta semana:

Y aquí llega la propuesta de esta semana. Ojo, que es una propuesta muy complicada y nos va a costar mucho esfuerzo.

Te proponemos que pases una semana entera sin poner ninguna etiqueta “negativa” a tus hijos, sin hacer profecías que sean capaces de reforzar todos aquellos aspectos más negativos. Debemos dar la vuelta a las frases hechas que utilizamos habitualmente, para que todas ellas tengan una carga positiva, que anime a nuestros hijos a esforzarse un poquito más y que reconozca esos valores y habilidades que queremos reforzar.

Concretamente, así es nuestro reto:

  • No utilizar el uso de calificativos “negativos” con nuestros hijos. Fuera de nuestro vocabulario las palabras: vago, desordenado, perezoso, trasto, travieso, … En vez de eso alabamos los comportamientos positivos o los pequeños avances (por pequeñitos que sean) en esos campos.
  • No hacer profecías acerca de lo que puede o no puede pasar si hacen algo, sobre todo en aquellos aspectos relacionados con la exploración o su propia naturaleza de niños. Fuera de nuestro vocabulario los “a ver si…”, “como no …”, etc.

¿Te apuntas al reto? Ya sabes, una semana entera para cambiar nuestra forma de hablar y potenciar a nuestros hijos.

 

¿Has intentado cumplir este reto? ¿qué tal te ha ido el intento?

¿Te ves capaz de estar una semana entera cumpliendo esas normas?

¿Te ha pasado alguna vez que hayas visto una profecía autocumplida?

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